Por Enrique Aguilar
A través de entrar en el estado de juego practicamos poner la atención sobre experiencia del momento presente.
Las ideas y creencias que poseemos condicionan nuestra experiencia, condicionan nuestro pensar, nuestro sentir y nuestra acción. Operamos en nuestro día a día con ideas limitantes que se construyeron por repetición durante una etapa de la vida y se anclaron en nosotros.
Sólo conseguiremos que estas ideas negativas pierdan fuerza, a través de la observación consciente de las mismas y el ejercitamiento de nuevas experiencias que despierten nuestras capacidades
dormidas. Para ello, es importante poner el foco en crear experiencias que nos nutran y nos conduzcan al amor, a la vitalidad, a la claridad, etc. Y el jugar, tal y como nosotros lo orientamos,
ofrece el medio óptimo para ello.
El juego expresivo, la risa profunda y la expresión con el arte nos permite empoderarnos para situarnos en la experiencia del aquí y ahora, activando la ternura, amor, alegría, fuerza, belleza, discernimiento y creatividad entre otras capacidades.
A través de la experiencia lúdica resulta más fácil practicar situarnos en el momento presente y armonizarnos. El juego es la acción por excelencia para disfrutar.
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