¿Qué hacer si nos ocultaron el camino de la dicha?

Por Enrique Aguilar

 

¿Te imaginas una sociedad con corazón?

¿Te imaginas que la finalidad de la educación fuera una orientación hacia la felicidad?

¿Te imaginas una educación, una economía y una política del bien común?

¿Cómo hacemos para construir una sociedad del bien común?

¿Cuál es el reto personal para alcanzar tal noble fin colectivo?

¿Te imaginas una sociedad cooperativa en lugar de competitiva?

Fue una revelación para mí cuando a través de Claudia Casanova y Enzo Rossi me llegaron las enseñanzas de Antonio Blay sobre el potencial humano. Somos un potencial de energía, inteligencia y  afectividad, los mismos tres centros que señaló Gurdjíeff . O como dirían en India somos sat, chi, ananda.  O como nos señalan los budistas con las tres cualidades del Buda poder, sabiduría y amor. También Claudio Naranjo nos habla que somos seres tricerebrados haciendo referencia a las cualidades de nuestro cerebro con sus tres partes bien diferenciadas: el instintivo/vital que se corresponde con el núcleo, el límbico/emocional, y la corteza cerebral con su cualidad racional. Sabemos, tal y como lo señala Maslow, que la autorrealización pasa por la expresión plena de nuestras capacidades potenciales y que expresar lo que uno es, es una necesidad de orden superior, aunque no seamos consciente de ello.

 

Gracias a la educación que hemos recibido y un sistema de mercado competitivo, el ser humano está siendo capaz de realizar cosas increíbles en el ámbito de la tecnología y en general, en el uso de la materia para crear nuevos elementos. Gracias a una educación que súper desarrolla las capacidades de análisis, lógica, razón, memoria, competencia, discriminación, relación conceptual y abstracción, el ser humano realiza una nueva invención cada minuto que pasa. Gracias a este sistema educativo y a este sistema económico tenemos coches, Internet, móviles, aviones, televisión en un formato que era inimaginable hace unos pocos años.

Tenemos una educación que, de los tres centros energía, afectividad, inteligencia, sólo desarrolla las capacidades que tienen que ver con algunos aspectos de la inteligencia ya nombrados anteriormente. El sistema educativo no contempla seriamente el desarrollo de las capacidades afectivas, ni capacidades mentales como la intuición o la consciencia, ni las capacidades que tienen que ver con la expresión a través de nuestro cuerpo. Lo que más me preocupa es que el sistema educativo no tienen ni idea de lo que es una educación en el amor, puesto que es un sistema creado desde la lógica racional.

 

¿Cuál es la consecuencia de este tipo de educación? pues la sociedad tal y como la conocemos, una sociedad desarmonizada.

 

Para educar en el amor hay que tomar la escuela de hoy y darle la vuelta, lo explico. Las capacidades del amor tienen que ver con sentirnos "unidos a". Hasta donde yo alcanzo a comprender el amor es el pegamento de la vida, es lo que nos une. Nos unimos a una persona si sentimos ternura, nos unimos a la vida si sentimos alegría, nos unimos a la naturaleza cuando somos capaces de apreciar su belleza, la compasión nos une al otro en su dolor, la devoción nos une a algo más grande. Os dais cuenta, lo que hacemos en las escuelas es justo lo contrario al amor. La escuela de hoy es justo lo que hay que hacer para desconectar a las personas de su corazón, es decir, de  su capacidad innata de sentirse "unidos a".

 

Lo primero que hacemos cuando un niño entra en el proceso de escolarización es "separarlo de". Comienza entonces el gran proceso de desconexión al que hemos sido sometidos y sometemos a las nuevas generaciones. Empezamos separando a los niños por edades y en algunos colegios por sexo. Continuamos desconectando al niño de su cuerpo al someterlo a largos procesos antinaturales de estar sentado y sobreestimulando las capacidades mentales por encima de las energéticas y emocionales. Empezamos a desconectarlos de sus emociones y de sus necesidades simplemente por no darle espacio, mandándoles el mensaje subliminar de "aprende las normas y cúmplelas como sustituto de tu sentir". Los desconectamos de su singularidad al obligarlos a aprender a todos de la misma manera. Los desconectamos de su capacidad natural de aprender y les imponemos métodos adaptados a la comodidad del adulto. Separamos el conocimiento en asignaturas estancas, sin relación entre sí. Los desconectamos de su capacidad natural de aprender jugando y la sustituimos por métodos aburridos basados en el miedo a ser castigados y/o la motivación a través del refuerzo positivo. Los desconectamos de su capacidad de experimentar inhibiendo toda iniciativa por el mandato "Haz lo que yo te diga en todo momento".  Los desconectamos de la belleza y de la naturaleza al introducirlos en centros arquitectónicamente horribles, parecidos a una cárcel o una fábrica...

 

Al final del proceso de escolarización nos encontramos con jóvenes/adultos desconectados profundamente de su corazón. ¿Qué sociedad hemos construido con personas así? ¿qué sociedad vamos a seguir construyendo? Una sociedad sin corazón es una sociedad que no se respeta a sí misma, capaz de destruir su medio ambiente, de generar numerosas injusticias, engaños y corrupciones, una sociedad sociedad mentirosa incapaz de operar desde el bien común, una sociedad con gran capacidad autodestructiva.

 

La construcción de una sociedad del bien común pasa por que las personas que formamos parte de la misma activemos nuestro corazón, la energía necesaria para unirnos en la construcción de una sociedad armoniosa. Si exploramos un momento en nuestro interior podremos comprobar la existencia de un anhelo profundo a sentirnos conectados, de sentirnos "unido a". Es una fuerza superior que nos empuja a través del sufrimiento a buscar la conexión genuina. Debido a nuestro analfabetismo afectivo se nos hace muy difícil establecer relaciones sanas y buscamos sustitutos como las adicciones, el consumismo y relaciones superficiales a través de las redes sociales.

 

Si os fijáis, cuando nos sentimos conectados es cuando nos sentimos felices, por tanto, una de las caras de la felicidad es la capacidad de sentirnos "unido a". Creo que es preciso y urgente que cada uno de nosotros se plantee como va a recuperar su corazón. Y entre todos, padres, educadores, artistas, profundicemos en prácticas educativas que den una alternativa a la educación de la desconexión, para consolidar la educación del corazón. Proceso que se está dando en la actualidad con una multitud de iniciativas, especialmente en la educación infantil y que como padre, estoy siendo partícipe.

 

Mi humilde aportación es seguir mi trabajo personal de reconexión con mi corazón y haber convertido este empeño en mi profesión, para lo cual he creado procesos vivenciales para que las personas que lo deseen se reencuentren y activen las capacidades del amor. Se nos ocultó que para sentirnos dichosos debemos despertar las capacidades que ya llevamos dentro. Me complace ser una de tantas personas que hoy estamos trabajando para recordar que el camino del corazón es la única alternativa a una sociedad que comienza a pudrirse.




La alegría, la dicha, la belleza, la compasión son capacidades propias del corazón

Un proceso vivencial que nos conecta con nuestro corazón

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