¿Cómo es que la mayoría de las personas no trabajan en lo que les apasiona? 

Por Enrique Aguilar

 

Reflexiono últimamente sobre el impacto que tiene el proceso de educación en nuestras vidas de adulto. ¿Es normal que la mayoría de las personas lleguen a la edad adulta desorientadas sobre lo que realmente les gusta, les entusiasma, sin tener consciencia sobre sus talentos? ¿Qué es realmente el proceso de escolarización? ¿Al servicio de qué está este proceso obligatorio?

 

Hace unos días impartí unas sesiones de TERP dirigida a estudiantes de educación infantil en un instituto de Barcelona. Eran jóvenes que tenían entre 18 y 23 años de edad.

 

 

Al inicio de la sesión, a modo de introducción, les hablé que los niños pequeños, una de las formas importantes que tienen de aprendizaje es por imitación. Los jóvenes estudiantes asintieron reconociendo mis palabras entre sus conocimientos teóricos.

 

También les indiqué que los niños imitan principalmente a los adultos que tienen de referente: mamá, papá, educadora... Los jóvenes nuevamente asintieron sintiéndose seguros de saberse la lección y con esta actitud relajada de "no me estás diciendo nada nuevo".

 

Continué explicándoles que en la escuela Waldorf donde llevamos a nuestro hijo, las maestras se toman muy en serio esto de la imitación, puesto que son conscientes que son referentes para los niños. Por esta razón, las maestras tienen una exigencia constructiva de ser dignas de imitación.

 

Dicho esto, pregunté a mi joven público, futuros educadores de niños pequeños: ¿Eres tú digno de imitación? ¿qué tienes tú que sea digno de la imitación de un niño?

 

Se hizo un silencio hasta ahora no alcanzado en la sesión. De la relajación previa de saberse seguro de saber, se pasó a una tensión propia de la incertidumbre. De repente se oyó una vocecita - "no lo sé"-. Ninguno de los 26 jóvenes estudiantes supo responder a esa pregunta.

 

En mi opinión esta debería ser la pregunta que articulara todos los programas formativos de todos los profesionales que intervienen en la educación formal y no formal. ¿Soy una persona digna de ser imitada? ¿trabajo para que esto sea así? ¿tengo suficiente consciencia para darme cuenta de mi influencia sobre los niños a mi cargo? ¿cómo hago para expresar lo mejor de mí?

 

Continué con el taller entrando en la fase experiencial y, aunque ya lo había observado, al mirar como si fuera la primera vez, me sorprendí al ver zombis en lugar de jóvenes seres humanos. Sí, muertos vivientes en un sentido metafórico, claro.

 

La TERP es una herramienta que crea el espacio para la expresión de la energía en sus diferentes formas, fuerza, vitalidad, poder..., y también facilita la expresión del sentir. Para mí un zombi es una persona que se mueve por la vida al mínimo de sus capacidades energéticas y afectivas. Y esto es lo que vi en estos jóvenes, cuerpos desarmonizados en sus movimientos, necesitados de darle una salida a su sentir, pero incapaces de hacerlo.

 

Me recordé a mí mismo a su edad y no había diferencias en este sentido. También recordé lo fracasado y solo que me sentí durante mi periodo de escolarización. Y mi esfuerzo como adulto para recuperar mi vitalidad, mi cuerpo, mi capacidad de sentir y expresar, mi alegría, mi belleza, mi singularidad... Esfuerzo que he tenido que emplear como contraposición a una escolarización que nos convierte en zombis. 

 

Veo a la mayor parte de las personas que me rodean como aves que les han quitado las plumas principales para alzar el vuelo, intentando desesperadamente elevarse y alcanzar el cielo, reiterando el fracaso hasta la triste resignación. ¿Cómo es posible que hayamos normalizado y apoyado un sistema educativo que nos quita las plumas que necesitamos para volar libres por este hermoso planeta? ¿Cómo es que hemos normalizado un proceso que llamados "educación" que nos desalienta a expresar nuestro singular vuelo? ¿Cómo es que seguimos apoyando a un proceso que nos oculta el camino de la felicidad y nos presenta como única verdad el sacrificio como motor de la vida?


Todos hemos pasado por el colegio, a todos se nos ocultó que tenemos tesoros maravillosos en nuestro interior esperando ser expresados, se nos ocultó que el entusiasmo, la alegría, el disfrute sirven de brújula para descubrir nuestras pasiones y talentos


Recuperar el entusiasmo es una decisión que se debe hacer conscientemente en algún momento de la vida

Vuelo del Cóndor. Perú
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Comentarios: 1
  • #1

    Azul (domingo, 19 julio 2015 16:16)

    Hermosas palabras! Desde Argentina, gracias por tu trabajo.