Educar para la verdad... ya toca

Por Enrique Aguilar

¿Qué es expresar la verdad? ¿Para qué aprender a expresar la verdad? ¿Qué es la verdad?

 

Se nos enseñó que la verdad es decir lo que conviene a la mayoría o al poder establecido en el momento. Se nos enseñó que la verdad había que aprenderla, puesto que venía de fuera y luego había que contarla.

 

Así fue en nuestra etapa de formación educativa, fuimos al colegio a ser domesticados en lo que el sistema social considera que ha de saberse, comunicarse y ejercitarse. 

En este sentido el sistema educativo convencional que incluye a todos los agentes sociales: políticos, técnicos educativos, educadores, padres, etc.,  es un sistema perfectamente confeccionado para alejar a los seres humanos de su verdad intrínseca. Es obvio, que todos los agentes sociales mencionados obran de buena fe, o eso quiero pensar yo. No obstante, se trata de un obrar desde la inconsciencia, puesto que son personas alejadas de su verdad que diseñan o apoyan programas educativos para ser competitivos en el mercado laboral, como si esto tuviera algo que ver con el bienestar integral y la autorrealización de la persona.

 

No se puede aprender la verdad, la verdad se es. Sí se puede aprender a expresar la verdad, a vivirse uno en la verdad, experimentar la verdad. La verdad es aquello que subyace en nuestro interior, nace de lo más sutil de nosotros mismos. La verdad es el vacío fértil de donde surgen todas las formas.

 

El problema es que al estar desconectados de nuestra fuente de verdad nos es imposible imaginarnos qué es vivirse en la verdad, y lo que se da es que, las personas que más alejadas de la verdad están, más se creen en posesión de la verdad en una relación directamente proporcional.


¿Qué hace que esto sea así? La existencia de un virus en cada persona que habita en este planeta. Un virus, en realidad, es un fragmento de ADN, sin más. Y como sabéis el ADN es información. Entonces podemos decir que un virus es una información que necesita apoderarse de una célula viva para hacer uso de sus orgánulos, y así con la maquinaria de la célula poder expresar la información del que es portador. Entonces la célula que ha sido parasitada por un virus, deja de realizar su función para realizar la que le indica este nuevo ADN que ha venido de afuera.


Así nos ocurre a todos nosotros. Esto es así debido al proceso de educación y sociabilización por el que todos pasamos inevitablemente. Este proceso consiste en introducirnos información (virus) de lo que está bien y de lo que está mal, de qué es lo importante, a qué debemos dedicar nuestro tiempo, cómo buscar el amor, a qué nos tenemos que dedicar, cómo relacionarnos, a quién tenemos que seguir…, en definitiva, se nos introduce una información que va a sustituir a nuestra esencia genuina, atrofiándonos para reconocer nuestra propia verdad. Esta información con el tiempo va tomando forma de creencias operativas que condicionan nuestro sentir, nuestra palabra y nuestras acciones. Este condicionamiento es la base de nuestro sufrimiento. Yo creo que este es el verdadero pecado original, el olvido de nuestra verdad, el olvido de quien soy.

 

La verdad no la tiene nadie, la verdad es, y cada uno de nosotros ha de descubrirla realizando un viaje hacia nuestro interior, yendo más allá de ese virus que nos desorienta y nos angustia.


La verdad se expresa en nosotros a través de nuestro corazón, a través de nuestra mente y a través de nuestros actos, o dicho con otras palabras la verdad toma forma de palabra, de sentir y de acción. Cuando expresamos la verdad, con la palabra creamos realidades nuevas, con el sentir generamos espacios armoniosos y con la acción generamos bien común.

 

Cuando vamos aprendiendo a encontrarnos con la verdad, en nosotros va naciendo inevitablemente, la virtud. El buen hacer, el buen sentir, el buen decir, y esto es así, fácil, sencillo, son formas que surge de la fuente, por lo tanto son genuinas, son virtuosas.

 

El no estar en contacto con la verdad nos genera una profunda angustia que tratamos, a toda costa y de diversas maneras, de evitar. La evitación es tal que la mayoría de las personas no reconocen siquiera que en su interior viven con angustia. Todos hemos fabricado un personaje que está al servicio de tapar esta angustia y de mostrarle a los demás que él está bien y que vive sin sufrimiento. Falso, la felicidad es ir por el camino que conduce a la verdad, aquellos que creen vivirse felices mostrándoles a los demás, el dinero que tiene, la bonita familia que tiene, el trabajo que tiene, sólo están mostrando la fachada de su existencia, fachada que se puede pintar con facilidad de cualquier color. El color de la verdad es uno, y hay que descubrirlo viajando hacia nuestro más profundo interior y aprender a sostenerse ahí, fuera de la garras del miedo. Es un viaje para guerreros puesto que hace falta mucho coraje para reconocer el falso personaje que hemos fabricado y experimentar más allá de él.


La TERP es una práctica que aporta un granito de arena en la dirección apuntada. Es un espacio de aprendizaje mediante la vivencia, que facilita la expresión de nuestra verdad. Se aprende a expresar desde el cuerpo, a expresar  lo emocional y los sentimientos, y se aprende a expresar la palabra. Todo ello desde un lugar de centramiento autoreferenciado, concibiendo la expresión como el acto de dar forma a mi cuerpo, a mi sentir y a mi palabra desde un lugar interno de consciencia. Y así, practicando una y otro vez, abriéndonos a la expresión inducida por la música, expresando nuestra risa profunda, expresándonos con nuestro cuerpo, usando la palabra conectada al corazón, vamos aprendiendo a ubicarnos en ese espacio interior donde la verdad emana relajada. No sin antes equivocarnos una multitud de veces.

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Comentarios: 1
  • #1

    efrain (miércoles, 03 junio 2015 05:36)

    Excelente articulo.
    También estoy en desacuerdo con el sistema edycativo, asta e pensado sacar a mis hijos de ka escuela y enfocarlos a lo que mas les gusta