Aprendemos jugando

Por Enrique Aguilar

El adulto que juega redescubre un lenguaje natural como mamífero que es. Redescubre el lenguaje simple y creativo de los niños. El adulto que aprende este idioma, es madre o es padre capaz de comunicarse profundamente con sus hijos. Padres e hijos hablando el mismo idioma, el del juego.

Jugar cumple una función evolutiva, jugamos de niños para desarrollarnos física, emocional, cognitiva y relacionalmente. Y también es posible jugar de adultos para el mismo fin. Jugar evoca la alegría. Y la alegría junto con su prima hermana, la curiosidad, son las energías necesarias para abrirnos al aprendizaje de una forma natural, amable y fluida.


Me pregunto, ¿cuanto tiempo a la semana se dedica en los centros educativos a incentivar la alegría para facilitar el aprendizaje de los niños?....

Cuando el padre juega con su hijo, entra en conexión con él, entra en su mundo y desde ahí pasan cosas... padre e hijo aprenden juntos y fortalecen su vínculo. Jugando juntos sin competir, creando, imaginando, sin pretender llegar a ningún lado, jugando y fluyendo, padre e hijo aprenden a amarse.

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